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“Hay que dar una segunda oportunidad al concursado si no puede cumplir el convenio”

Antonia Magdaleno, la administradora concursal más conocida de Valencia por la relevancia de algunos de los concurso de acreedores que ha tenido que gestionar ha decidido “pasar de la edad de la prudencia”, decir lo que piensa y actuar en consecuencia.

A sus 45 años ha participado en la gestión de la suspensión de pagos de empresas del calibre de Martinsa Fadesa, Llanera y, actualmente, Reyal Urbis, aunque también gestiona el caso de personas físicas y firmas menos conocidas. Pese a que se asegure que como administrador concursar se gana mucho dinero, considera que no es para tanto ni ese debe ser el objetivo fundamental.

“La administración hay que entenderla como un conjunto y sacar la media de los casos gestionados, porque hay concursos que no se cobran y otros que tardan años”. De todos modos, su despacho no pone todos los huevos en una misma cesta y, además de Derecho Concursal, ofrece también servicios de: Penal económico, Mercantil y Arbitraje.

CUESTIÓN DE REPUTACIÓN

“Hay quien se plantea el despacho con una secretaria y un pasante, pero eso no puede ser si se quiere dar un servicio de envergadura”. Actualmente cuenta con un equipo de más de 20 personas y tres socios: Beatriz Carbonell, Vicente Roldán y Sonia Gimeno. “La cuestión es trabajar bien y no centrarse sólo en la máxima rentabilidad”.

De hecho, es este buen nombre con el que cuenta lo que le ha permitido que los jueces de determinados casos sensibles la elijan ni tener de ella nada más que referencias indirectas. Así le pasó con el concurso de Martinsa Fadesa que le llegó desde el juzgado de La Coruña.

“Liquidar puede ser más oneroso, pero buscar una salida que no signifique el fin de la empresa repercute en favor del despacho”. Además de los adjudicatarios, este aspecto les importa especialmente a las empresas aspirantes a concurso que recurren a ella.

ALTERNATIVAS A LA LIQUIDACIÓN

“Desgraciadamente, seguirá habiendo concursos y en peor estado “, apunta. Espera que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tenga razón en que la recuperación empiece en 2014, porque hace falta romper el círculo vicioso en el que se encuentra el país económica y psicológicamente.

“En España hay dinero, pero está debajo del colchón”, lamenta. Además, considera que debería modificarse la Ley Concursal para facilitar una segunda oportunidad a las empresas que, habiendo hecho lo previsto en el convenio, la situación económica general no les ha permitido salir a flote.

“Esta posibilidad es difícil, porque tiene que contar con el respaldo de todos los participantes en el concurso, pero tampoco es imposible”. Al fin y al cabo, un convenio es un contrato y las partes pueden modificarlo, si es lo mejor para todos.

EXPANSIÓN A PASO FIRME

No se plantea una expansión de su despacho más allá de lo que puede abarcar junto a su equipo. En todo caso, ya está presente en Madrid y cuenta con un acuerdo de colaboración con el despacho barcelonés Vives Abogados. En todo caso, no se queda atada a Valencia. “Normalmente paso tres días a
la semana entre Madrid, Barcelona y Galicia, en función de las reuniones concertadas para cada concurso, aunque esto signifique quitarle horas a la familia”, lamenta.

Hasta ahora ha funcionado sin financiación bancaria por propia voluntad. “Prefiero repartir menos beneficios y estar más tranquila”. Reconoce trabajar unas 12 horas al día, aunque normalmente no hecha la cuenta. “Mi madre me dice: ‘Pero tú no eres la jefa'”, bromea. En todo caso, reparte juego con su equipo y, en función de las circunstancias, sus socios la sustituyen en determinadas ocasiones, “cuando el cliente ya nos ha visto trabajar y confía en el despacho”.

Por su propia experiencia, la gestión no puede ser excesivamente personalista, ya que ni el titular de la firma puede hacerlo todo ni tampoco es justo tener a gente trabajando sin que puedan firmar un papel. “He vivido la experiencia y sé lo importante que es el reconocimiento del esfuerzo realizado”.

VOCACIÓN DESDE NIÑA

En su caso, no había ninguna vinculación familiar con la abogacía, pero desde niña ya quería ser letrada, “seguramente por películas como Matar a un ruiseñor, aunque no recuerdo el caso concreto”, asegura. Con este objetivo claro, enfrentó la carrera con decisión y terminó como número uno de su promoción, además de Premio extraordinario final de carrera, entre otros reconocimientos.

“La verdad es que era bastante empoyona, pero no pude entrar como profesora, que era mi intención”. Sin embargo, una vez completado el doctorado sí consiguió enfrentarse a un aula como profesora asociada, función que ha desarrollado durante 12 años y que ha tenido que dejar este curso por la carga de trabajo, aunque sigue participando en cursos y seminarios que le permiten volver a las clases.

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